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¿Eres emprendedor/a?

Hay dos maneras de contestar a esta pregunta. La más evidente: si has creado tu propia empresa y eres tu propio jefe.

Pero que no sea tu caso (aún) no significa que no seas una persona emprendedora. ¿Eres inconformista? ¿Imaginativo? ¿Tienes iniciativa? ¿Te gusta idear y proponer planes nuevos o maneras diferentes de hacer las cosas? Quizá te han llamado a menudo “culo inquieto”. Entonces debes saber que tú también eres una persona emprendedora y que eso te va a dar muchos puntos en tu futuro. Y, si no, respira, que a emprender también se aprende.

Aprender a montar una empresa puede ser muy útil para quienes nos enfrentamos a un futuro laboral incierto. Practicar en el instituto o en la universidad el proceso de buscar ideas innovadoras y poner en marcha proyectos sostenibles económicamente es sin duda interesante. Incluso es posible que, gracias a ello, muchos descubráis una salida profesional. Pero, independientemente de si el día de mañana montas una empresa o no, emprender te enseña a desarrollar una serie de habilidades y actitudes increíblemente valiosas para tu futuro profesional y personal. De hecho, cada vez más empresas demandan que sus trabajadores sean emprendedores por el valor añadido que les aporta.

Emprendi…¿qué?

Emprender es algo tan sencillo como empezar algo. Cuando hablamos de “emprendimiento” solemos pensar en el mundo de la empresa, las startups, la economía o el autoempleo. El boom del emprendimiento llegó con la crisis, cuando miles de personas, al quedarse sin trabajo, decidieron montar algo por su cuenta. Pensaron algo así como: “Si no tengo trabajo, me lo invento”. Unos triunfaron, otros no tanto…

Algunos emprendedores van un paso más allá. No sólo piensan en qué pueden trabajar en función de sus conocimientos, sino que buscan que su trabajo sea beneficioso para la sociedad. Es decir, miran a su alrededor en busca de problemas que afecten a las personas de su entorno y ponen en marcha soluciones. Son emprendedores sociales y su actividad puede centrarse en una gran variedad de áreas: medio ambiente, educación, integración social, salud. Lo cierto es que todos los proyectos o startups pueden o deberían poder tener un enfoque social. Cualquiera que va a emprender debería plantearse cómo va a afectar su iniciativa a la sociedad y qué puede hacer para que ese impacto sea positivo. Lo que no es incompatible con que el emprendedor gane dinero con su startup social.

“A emprender se aprende, la actitud emprendedora se educa”, escribió el profesor Tomás Guajardo. Y es la segunda parte de la frase la que nos interesa, porque la actitud emprendedora podemos aplicarla no sólo en su versión empresarial, sino a todos los aspectos de nuestro día a día.

5 Cualidades para aprender emprendiendo:

    1. Tener iniciativa es tener la capacidad de poner las ideas en marcha. Es lo contrario a esperar a que las soluciones llamen a tu puerta. Para tener iniciativa son indispensables la implicación y la pasión. Es muy difícil encontrar la energía para iniciar un cambio o un proyecto si llevarlo a cabo no nos apasiona. Tener iniciativa te ayudará a tomar tus propias decisiones y no depender siempre de las que tomen otros.
    2. La creatividad es la capacidad de inventar y crear. Sólo pensando de forma creativa se nos pueden ocurrir soluciones innovadoras. Hablamos más en profundidad de la importancia de la creatividad hace poco en este otro post.
    3. Cultura del esfuerzo y superación. El proceso de poner en marcha cualquier cosa, tanto si se trata de un proyecto muy ambicioso como de una iniciativa más humilde,  requiere de un gran esfuerzo y afán de superación. Entrenar estas habilidades nos ayudará a ser persistentes ante las dificultades y no rendirnos a la primera de cambio.
    4. Planificación. Diseñar y llevar a cabo un proyecto requiere un gran trabajo de organización y planificación. En muchos casos puede que no sólo tengas que planificar lo que tienes que hacer tú, sino también lo que necesitas que hagan otras personas a tu cargo. Ser buenos planificadores nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos en un tiempo razonable.
    5. Aceptar el error como oportunidad de aprendizaje. El emprendimiento tiene una parte de experimentación donde la tolerancia a la frustración es imprescindible. Equivocarse es parte del proceso.
Ana Alonso

Diseñadora de espacios y experiencias educativas

@Anuskakatiuska

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